Día muy largo

Desde siempre he creído en la existencia en una clasificación simple a la hora de hablar de los diferentes tipos de enfados.

Algunos por rabia, otros por decepción, otros por venganza, otros por impotencia...

Odio estos últimos porque en el fondo sé que no estoy enfadado por la impotencia, lo que estoy es una mezcla entre triste, desolado, cansado; es la rabia que se siente cuando la impotencia corre por mis venas y sé perfectamente que no puedo hacer nada.

Es la misma sensación que cuando me he pegado algún guantazo fuerte en bici, ese instante en el que estoy en el suelo y comprendo lo que acaba de pasar, comprendo las consecuencias que tendrá, comprendo que los próximos días serán penosos... Se comprenden tantas cosas...

De hecho, casi es peor el momento en el que me despierto a lo largo de la primera noche. Con todo lo acontecido en el día, siempre suelo coger la cama con unas ganas enormes, rendido al instante. Rendido hasta el punto de que cuando me levanto en medio de la noche ni si quiera sé dónde estoy. Al principio mola, es como volver a nacer y no solo me pasa en esos días, pero no es divertido cuando te das cuenta de lo que ha pasado y de que apenas puedes moverte.


Eso es lo que se siente cuando se te queda un cuerpo asqueroso por culpa de la impotencia, de la rabia y de la culpa. Esa culpa que te hace estar hecho una mierda cuando sabes perfectamente que estás actuando mal pero no ves ningún camino de vuelta por el que volver para arreglar todo este estropicio.

Y es desesperante ver cómo algo así te puede arruinar un día que ha ido genial. Es desesperante ver cómo quieres y no puedes. Es desesperante ver tienes ganas de que todo vaya bien pero algo en ti está 'plof' y no puedes con ello.

Lo peor es ver como los que te quieren están ahí, intentando darte apoyo, pero en el fondo pienso que una vez que te has caído de la bici.. ningún apoyo te curará las heridas. Es cruel, es egoísta, pero es lo único que me pasa por la cabeza en estos momentos.

Me duele ser así de seco, me duele hablarte así, y me duele que leas esto, pero es que cuando las cosas se me tuercen, acabo torciéndolas aún más.


Mañana volverá a salir el sol.

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