Adicciones

Hace ya años me contaron una historia en una de esas múltiples charlas que nos contaban acerca de lo malo que es el alcohol.
Por lo visto, la historia giraba en torno a una familia que vivía en Madrid pero que tenía una casita en la sierra a la que iban a pasar los fines de semana. Resulta que uno de esos domingos iban a empezar a comer y, sentados ya en la mesa, el padre se dio cuenta de que le faltaba su copita de vino. Fue a buscar una botella a la despensa, pero no quedaba. Salió en busca de un supermercado abierto, pero estaba todo cerrado. Tiempo después reconocía su adicción al alcohol porque hizo volver a toda su familia a casa con tal de beber su copa de vino.

Si recuerdo esa charla frente a todas las demás es porque dijeron algo que nunca, nunca se me olvidará. Nos pusieron dos ejemplos, el primero fue el del padre que se dio cuenta de su adicción en el momento que hizo volver a todos a casa por su vino, y el otro hablaba de un señor que admitía seguir siendo alcohólico a pesar de que llevaba años sin beber. De hecho, él se presentaba como alcohólico, pero ya no bebía. Yo no entendía muy bien porqué lo hacía, pero conforme fue contando su historia nos dejó muy claro que una vez eres considerado alcohólico, por mucho tiempo que pases sin beber seguirás siéndolo.

Creo que como el vino, y nunca mejor dicho, esta es una de esas cosas que va mejorando con los años; conforme más tiempo pasa, más entiendo esas palabras... Nunca se deja de ser drogadicto, nunca se deja de ser ludópata, nunca se dejas de ser alcohólico, nunca dejas...


Después de todo, nada duele tanto como aquello que imaginamos y casi siempre somos mucho mas fuertes de lo que creemos.

Seguimos soñando.




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