Regalar
Regalar parece algo sencillo, pero de vez en cuando trae verdaderos quebraderos de cabeza.
Compadezco a esa clase de gente que regala por regalar, que regala porque se acerca una fecha importante y porque no hacerlo sería peor que hacerlo, aunque salga mal.
Hay determinadas personas que no saben regalar, pero peor aún, hay otro pequeño porcentaje que no saben, no sabemos, ser regalados. En el buen sentido de la palabra, claro.
Hoy toca hablar de regalar, y es que estos días me ha pasado algo muy curioso. Con la ausencia de jefes estos días merodeando por casa, la libertad para poder comprar regalos ha aumentado llamativamente.
La sorpresa, el factor sorpresa e imaginar la cara de los familiares al abrir los regalos... Eso me ha hecho darme cuenta de una cosa bastante importante y significativa: me gusta más regalar a que me regalen.
Cierto es que la intención a veces no cuenta y que puede ser un fracaso estrepitoso, pero la mayoría de las veces sale bien, y cuando sale bien...
Puede que eso sea lo que me ilusione, al menos, hasta el día de reyes, imaginar la cara de todos a los que quiero al abrir sus regalos y ver esas pequeñas tonterías que les harán sonreír.
¡Oh, mierda! Acabo de hacer de spoiler, y es que de eso os quería hablar mañana, de lo que se puede regalar.
Necesito que esta vez soñemos todos en que salgan bien nuestros días de reyes, así que ya sabes, a seguir soñando.
Compadezco a esa clase de gente que regala por regalar, que regala porque se acerca una fecha importante y porque no hacerlo sería peor que hacerlo, aunque salga mal.
Hay determinadas personas que no saben regalar, pero peor aún, hay otro pequeño porcentaje que no saben, no sabemos, ser regalados. En el buen sentido de la palabra, claro.
Hoy toca hablar de regalar, y es que estos días me ha pasado algo muy curioso. Con la ausencia de jefes estos días merodeando por casa, la libertad para poder comprar regalos ha aumentado llamativamente.
La sorpresa, el factor sorpresa e imaginar la cara de los familiares al abrir los regalos... Eso me ha hecho darme cuenta de una cosa bastante importante y significativa: me gusta más regalar a que me regalen.
Cierto es que la intención a veces no cuenta y que puede ser un fracaso estrepitoso, pero la mayoría de las veces sale bien, y cuando sale bien...
Puede que eso sea lo que me ilusione, al menos, hasta el día de reyes, imaginar la cara de todos a los que quiero al abrir sus regalos y ver esas pequeñas tonterías que les harán sonreír.
¡Oh, mierda! Acabo de hacer de spoiler, y es que de eso os quería hablar mañana, de lo que se puede regalar.
Necesito que esta vez soñemos todos en que salgan bien nuestros días de reyes, así que ya sabes, a seguir soñando.
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