La batalla del Somme
Una nueva oportunidad.. ¿merecerá la pena esta vez?
Hace ya tiempo que llevo planteándome esta pregunta, y quizá es por el hecho de que no me gustan las respuestas que encuentro que vuelve a rondar mi cabeza cada vez que afronto esta situación o una parecida.
Reconozco que no soy quien para perdonar a nadie por las cosas que no ha hecho del todo bien, en primer lugar porque yo hago las cosas igual de mal o peor, y en segundo lugar porque solo hay un ente capaz de perdonar, y si Él perdona, no soy quien para no hacerlo yo.
Sin embargo, sí que depende de mí cómo afrontar a partir de ese momento la situación, y no es fácil tomar decisiones en las que las posibles variables son todas negativas y a cada cual peor.
Es aquí cuando la frase que dijo en aquel magistral capítulo el doctor House vuelve a perseguirme, y con razón: "el problema de traspasar el límite no es haberlo traspasado, sino dónde volver a marcarlo".
¿A partir de qué punto he de rendirme y dar todo por concluido? No soy de los que se rinden, más bien soy de aquellos que prefieren volver a intentarlo una vez más, por doloroso que sea.
Parece que acabo de decir una de esas frases que siempre queda bien decir, pero es verdad que en ocasiones puede tornarse bastante doloroso, demasiado.
No hay una respuesta universal que recomiende o indique qué hacer en casos así, porque si cada persona es un mundo, lo que hay entre dos de ellas va más allá aún.
Quizá pudiera valer la frase "quita de tu vida lo que te quite la felicidad", pero es otra de esas frases que no sirven más que para el 99% de las ocasiones, y esta es excepcional.
Supongo que esta vez es todo diferente y esta será la última vez...
En la batalla del Somme, la batalla que fue el comienzo del fin de la Primera Guerra Mundial, murieron más de medio millón de soldados de cada bando, y en multitud de ocasiones, por cumplir ridículas órdenes de sus superiores que los enviaban directos al cementerio.
En mayor medida, los generales, tachados por algunos de villanos y por otros de héroes, se planteaban la misma duda que me planteo yo hoy y desde hace tiempo: ¿lanzamos un último ataque? ¿El definitivo que acabe con todo esto?¿O nos rendimos?
Desde luego no se rindieron y de ahí el tan alto número de bajas. Quizá si hubieran sido ellos mismos los que hubieran tenido que sufrir el fragor de la batalla, no hubieran tomado decisiones tan a la ligera...
Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Una vez más, sueño con que acabe esta pesadilla, la pesadilla del miedo, de la indecisión y del daño.
Hace ya tiempo que llevo planteándome esta pregunta, y quizá es por el hecho de que no me gustan las respuestas que encuentro que vuelve a rondar mi cabeza cada vez que afronto esta situación o una parecida.
Reconozco que no soy quien para perdonar a nadie por las cosas que no ha hecho del todo bien, en primer lugar porque yo hago las cosas igual de mal o peor, y en segundo lugar porque solo hay un ente capaz de perdonar, y si Él perdona, no soy quien para no hacerlo yo.
Sin embargo, sí que depende de mí cómo afrontar a partir de ese momento la situación, y no es fácil tomar decisiones en las que las posibles variables son todas negativas y a cada cual peor.
Es aquí cuando la frase que dijo en aquel magistral capítulo el doctor House vuelve a perseguirme, y con razón: "el problema de traspasar el límite no es haberlo traspasado, sino dónde volver a marcarlo".
¿A partir de qué punto he de rendirme y dar todo por concluido? No soy de los que se rinden, más bien soy de aquellos que prefieren volver a intentarlo una vez más, por doloroso que sea.
Parece que acabo de decir una de esas frases que siempre queda bien decir, pero es verdad que en ocasiones puede tornarse bastante doloroso, demasiado.
No hay una respuesta universal que recomiende o indique qué hacer en casos así, porque si cada persona es un mundo, lo que hay entre dos de ellas va más allá aún.
Quizá pudiera valer la frase "quita de tu vida lo que te quite la felicidad", pero es otra de esas frases que no sirven más que para el 99% de las ocasiones, y esta es excepcional.
Supongo que esta vez es todo diferente y esta será la última vez...
En la batalla del Somme, la batalla que fue el comienzo del fin de la Primera Guerra Mundial, murieron más de medio millón de soldados de cada bando, y en multitud de ocasiones, por cumplir ridículas órdenes de sus superiores que los enviaban directos al cementerio.
En mayor medida, los generales, tachados por algunos de villanos y por otros de héroes, se planteaban la misma duda que me planteo yo hoy y desde hace tiempo: ¿lanzamos un último ataque? ¿El definitivo que acabe con todo esto?
Desde luego no se rindieron y de ahí el tan alto número de bajas. Quizá si hubieran sido ellos mismos los que hubieran tenido que sufrir el fragor de la batalla, no hubieran tomado decisiones tan a la ligera...
Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Una vez más, sueño con que acabe esta pesadilla, la pesadilla del miedo, de la indecisión y del daño.
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