Final abierto

Hay días en los que estás destinado a esperar al tren. Los primeros minutos, de cortesía, son aquellos en los que no te queda otra que esperar. En teoría, 'en teoría', cada minuto que pasa es un minuto menos que le queda para llegar.

Sin embargo, muy de vez en cuando, por muchos minutos que pasen, ninguna luz se ilumina en el marcador. ¿Funcionará mal hoy?
¿Habrá habido algún accidente..?

Esas preguntas pronto suelen encontrar respuesta, cuando el tren pasa. Pero como si el destino quisiera mandar algún tipo de señal, hay días que no pasa.


Hoy es uno de esos días. Tras una larga y paciente espera, he terminado concluyendo que, en varios aspectos, los trenes son igual que nuestras vidas.

Normalmente ocurre lo que esperamos que ocurra. Otras veces, no ocurre exactamente como lo habíamos planeado, pero termina ocurriendo, que es lo que a fin de cuentas importa.
Eso sí, ocurrirá que la vida no te responderá. Que no solo no ocurrirá lo que a grandes rasgos habías planeado, sino que no ocurrirá.

Siguiendo con la metáfora, puede que justo ese día en el que el tren no venga se alineen los planetas y llueva, haga frío y también viento. Puede que estés solo y nadie te ayude. Que nadie pueda llevarte a tu destino y que te toque sufrir solo.


Hoy no hay moraleja. Hoy es uno de esos días en los que todos los finales valen, y cada uno escoge el que más le ayude.

Eso sí, encuentra tu propia moraleja. Encuéntrala y después aprende de ello.


Con frío, y sin que el tren venga, seguimos soñando.

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