El fondo

Si algo llevaba buscando un tiempo ya era la motivación de salir del bucle en el que me encontraba, y hoy he salido.

A las seis y veinte, cuando todos estaban durmiendo, alguno ya éramos conscientes de lo que se nos iba a venir encima. Máximas de 14° y mínimas de cero, cuando salí de casa estaba todo absolutamente congelado, pero sin duda si algo había congelado por encima del resto era el gélido e imponente viento que cuando vas a unos cuantos kilómetros por hora, hacen mella.

Sin tacto alguno en ninguno de los dedos del cuerpo y con la cabeza más afectada de lo que a esa hora tocaba, emprendimos la marcha. Al final han debido salir uno 110km, pero puede que hayan sido los peores en mucho, mucho tiempo.

Con ellos han venido unas cuantas promesas, entre ellas la de no querer volver a coger la bicicleta en mi vida, o cosas más profundas que quizá cuente algún otro día de mi vida.

Cuando no te quedan ni fuerzas para tenerte en pie y menos para dar pedales, lo que te hace grande es la capacidad seguir luchando sin rendirte.

Eso es gracias a los sueños que durante tanto tiempo se han ido soñando.

Así que a seguir soñando

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